Abierto dice muchas cosas. Cerrado puede decirlo todo.
miércoles, 4 de agosto de 2010
jueves, 29 de julio de 2010
Soluciones
En el fondo de todo no está la cantidad de problemas sino el ingente número de soluciones. Nos cuesta, pero la cuestión a resolver tarde o temprano la encontramos. A partir de ahí el siguiente paso está claro, ¿no? Buscar una solución. Dicen que el que busca encuentra, lo que no dicen es que se terminan hallando demasiadas cosas. Con las soluciones también pasa, de modo que al principio sólo tenías un problema y ahora lo sigues teniendo además de varias opciones para paliarlo. En un laboratorio, el método ensayo y error da buenos resultados. Ahora, ¿lo habéis probado fuera de una atmósfera controlada? Cada experimento fallido que hacemos nos lleva a provocar más problemas que, a su vez, generan una cantidad indeterminada de soluciones. De esta desazón se libran tres tipos de personas: los que tienen mucha suerte y aciertan la respuesta correcta a la primera (la ventaja de estos es que además suelen acertar en las quinielas), los que se empeñan en que su solución es la correcta aunque tengan que contradecir las leyes de la lógica y la física para afirmarlo y aquellos que prefieren no enredar y quedarse con su problema que, total, no les complica tanto la existencia. El resto ensayamos y erramos hasta que nuestras fuerzas o nuestra salud mental nos lo permiten, momento que, por otro lado es imposible de predecir.
sábado, 17 de julio de 2010
Más de lo mismo
Y otras veces es el pasado el que te hace una llamada y después de colgar no paras de darle vueltas a todo lo que has hecho y, sobre todo, a lo que has dejado de hacer, desde que ese pasado era presente hasta hoy. En ese punto sólo queda esperar a que todo vuelva a su lugar y ver si podemos crear nuevos puntos de partida.
martes, 15 de junio de 2010
Del pasado
Visitar el pasado es como intentar enfundarte unos pantalones de la talla treinta y seis que usabas hace siglos. El tiempo ha transcurrido para ambos: tú no entras en algo tan pequeño y ellos ya no están a la moda. Aún así no puedes evitar hacer un último esfuerzo por ponértelos. Total, si en unas semanas puedes perder varios kilos y los vaqueros de campana se pueden convertir en pitillo con hilo, aguja y un poco de buena voluntad.
Después de quince días de dieta espartana y haber hilvanado las perneras para estrecharlas, lo vuelves a intentar. No, no cabes. Bueno, en un mes podrían abrochar, pero, aunque arregles lo de los campanolos, el tiro es demasiado alto y están definitivamente pasados de moda.
Lo lógico después de esta última aventura es que la prenda termine en la basura, cosa que casi nunca ocurre. Casi con toda seguridad doblarás los pantalones, los guardarás en un lugar poco accesible pensando que quizás algún día volverás a pesar cuarenta y nueve kilos y, milagrosamente, el tiro alto y la pata de elefante volverán a ponerse de actualidad. Es el último resquicio que nos queda para no dar otra batalla por perdida.
miércoles, 26 de mayo de 2010
Menú McGuffin con patatas y Coca Cola light
Todos sabemos que para encontrar la respuesta adecuada lo primero es encontrar la pregunta pertinente. Hoy oía (porque lo que es escuchar no lo estaba haciendo) a alguien hablar sobre una serie televisiva de la cual no he visto ni un sólo capítulo. Mi cabeza mientras estaba reflexionando sobre un asunto tan importante como la combinación de mi bolso nuevo con unas sandalias que vi en un escaparate. Pronto llegué a la conclusión de que mi bolso había sido una gran inversión porque me servía tanto para esas sandalias como para otras que ya tengo. En ese momento perdí la excusa que tenía para no prestar la más mínima atención al discurso del petardo de turno. Lo primero que escuche claramente fue: "Al final todo era un puto McGuffin". Por supuesto que el conocimiento de ese término no estaba dentro de mi limitado acervo cultural. Por el contexto pude deducir más o menos de qué se trataba, pero para asegurarme acudí a San Google y encontré esto.
Una frase de un pedante suburbial me dio la pregunta "¿qué coño será un McGuffin?, que era justo la que me llevaría a saber qué es lo que me hace falta. Era sencillo: yo quiero uno de esos, aunque suene a menú de hamburguesería. Antes de ponerme a buscar el mío estuve observando el que tienen los demás. Conozco mucha gente que para esto tiene el amor, el desamor, su pareja, su familia.... Otros su carrera o la acumulación de objetos modernísimos carísimos. Veamos, quizá alguno de los suyos me pueda servir a mí. Queda desechado el McGuffin de tipo sentimental, que a veces termina engullendo la trama entera y mi vida es muy sencilla como para que un simple pretexto se la lleve toda. Lo del modelo material tampoco me convence, no creo que el afán por tener cosas, dinero o éxito vayan a hacer un argumento interesante en mi caso porque mi interés por conseguir esas cosas es mucho menor que pereza. Acepto cualquier sugerencia sobre mi McGuffin ideal y si no se hace la luz, se lo pediré a los reyes el año próximo a ver si hay más suerte.
miércoles, 5 de mayo de 2010
jueves, 29 de abril de 2010
El examen
Anoche soñé que volvía a la universidad. Tenía que hacer un examen conjunto de latín y griego. Junto a mí, una amiga en parecida situación y, subida a la tarima con aire prepotente, una de las compañeras más mediocres y anodinas con las que me topé. Mi amiga y yo nos miramos sorprendidas porque nuestro destino (al menos académico) estuviera en manos de semejante ser. Nuestra indignación va en aumento a medida que leemos las preguntas y soportamos la mirada de la nueva profesora. Bastante rato después me doy cuenta de que yo ya había terminado la carrera hace años y que no tenía que estar ahí, mucho menos para rendir cuentas a esa persona. Aún así, me quedo quieta hasta que mi compañera de fatigas se levanta y abandona el examen al verse en la misma situación que yo. La veo marcharse, pero yo me quedo. Ahí me despierto.
Cada psicólogo aficionado que interprete lo que quiera. Por mi parte entendí que el mayor rencor nace cuando quien acaba por encima de ti es alguien a quien consideras inferior. No es porque la situación nos parezca injusta, sino porque en el fondo sabemos que los responsables de esa situación somos nosotros en última instancia. Lo malo es que nos solemos calmar pensando en nuestra superioridad y no hacemos nada. Bueno, sí que hacemos, dejamos que el otro gane y nos convencemos de que perdimos porque quisimos. ¿Quién es el mediocre entonces?
martes, 13 de abril de 2010
Copy & paste
A veces me pongo muy zorra:
| "Viendo una zorra unos hermosos racimos de uvas ya maduras, deseosa de comerlos, busca medio para alcanzarlos, pero no siéndole posible de ningún modo, y viendo frustrado su deseo, dijo para consolarse: -Estas uvas no están maduras. A veces se manifiesta no apetecer lo que se ve imposible de conseguir." |
sábado, 20 de marzo de 2010
Dormir sin sábanas
Hola, soy Manuel. No hace mucho me enteré de que esta petarda, que dice ser mi amiga, ha ido publicando cosas sobre mí y mi familia. Me encanta que hablen de mí y creo que, no importa si acertadamente o no, aquí se ha hablado desde el cariño. Para ella soy como me ve y ella para mí es lo que yo veo. El mundo es así de simple. Si matase a alguien, su imagen de mí cambiaría. Si fuera feliz, también. Ambos supuestos son muy poco probables aunque yo sé que, si se dieran, Manuel García seguiría siendo el mismo. Sí, eso es. Esa certeza invalida todo lo demás. La gente espera y teme cambios en su vida. Yo sé que no importa.
Ahora estoy absolutamente solo. Desde que se fue Sonia no he vuelto a estar con nadie. No soy más desgraciado que antes, tampoco más feliz. Me da miedo. Se supone que me tenía que dar cierta seguridad saber que tengo algo inmutable, eterno de algún modo. A mí me acojona. He hablado con Ele de esto y ella, que a veces es bastante ingenua, cree que todavía no estoy perdido del todo, que soy recuperable. Es su manera de demostrar que le importo. Quizás sea desagradable escucharlo, pero yo sé que si un día la pierdo a ella o a cualquiera, no va a pasar nada. Después del llanto, del pataleo, nada. Yo otra vez. Nunca deberíamos darnos cuenta de estas cosas.
Llevo dos noches durmiendo sin sábanas. Ningún ser civilizado se plantearía dormir sobre el colchón desnudo y ahora entiendo por qué: nadie quiere comprobar que se puede dormir sin sábanas.
domingo, 7 de marzo de 2010
Pobrecita la fea
Todos conocemos a alguna chica poco agraciada a la que un tío le hizo sentir especial y luego la dejó tirada. Posiblemente algunos de vosotros os habréis sentido la fea más de una vez. Estamos de acuerdo en que son historias previsibles y con poca intriga. Si nos enganchan es porque todos llevamos a esa chica dentro. No tengo gran predilección por las víctimas y casi siempre se lo buscan ellas mismas por ilusas. El caso es que ahora estaba pensando en una fea concreta (no, no soy yo) y me da lástima. Hay gente que evita ir al cementerio para no enfrentarse con la verdad de lo que es. Del mismo modo yo no quiero escuchar más historias de feas.
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